UA-78503712-1 Response to Detaining Children at Borders

…an inclusive community
responding to God’s love…

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MARCHA
(Metodistas Representando la Causa de los Hispano Americanos),

el Colegio de Obispos de la Iglesia Metodista de México

and

the Council of Bishops of The United Methodist Church

have released a

Joint Statement in Response to the
Central American Migrant Caravans

November 7, 2018

Español

La migración humana es tan antigua como la historia humana. Individuos, familias, tribus y naciones se han ido trasladando desde ante de los tiempos de Abraham y Sara. A lo largo de los siglos, factores políticos y económicos, las guerras inclusive; retos concernientes a la salud y al medioambiente; el racismo, la xenofobia y la discriminación religiosa a veces han desarraigado a las personas de sus lugares de procedencia, y a otras las han seducido hacia nuevos lugares a través de desiertos, ríos, continentes, océanos y fronteras nacionales y étnicas.
 Hoy en día, la migración es un asunto internacional crítico y, a veces, un asunto nacional apremiante; un asunto de último recurso y de ninguna otra opción para millones de seres humanos y, una alternativa desesperada para quienes prefieren quedarse donde están si existieran las condiciones que permitieran su seguridad y lo esencial para su supervivencia. En términos generales, las personas migrantes de hoy son quienes ­–forzadas o por su propia elección– abandonan sus lugares de origen debido a conflictos armados, desastres naturales, violencia institucional o causada por las pandillas, proyectos de desarrollo, trata de personas (incluida la trata laboral, sexual o de drogas), o privaciones económicas extremas. (Resolución de la Iglesia Metodista Unida: La migración global y la búsqueda de justicia).

Dichas palabras sabias describen lo que vemos pasar a través de la caravana humana, la cual empezó el 12 de octubre de 2018, con 160 almas valientes quienes se reunieron y juntas comenzaron a viajar, así como lo hicieron los antiguos migrantes. De Honduras a Guatemala, y ahora hacia México, estas personas migrantes se han sostenido mutuamente en su común sufrimiento. Esta caravana ha crecido a 7,000 personas, y de acuerdo con los últimos informes, de esta cantidad se ha formado 3 caravanas que viajan a través de México. Más de la mitad de esa multitud la componen niñas y mujeres. Estas personas no quisieron abandonar sus hogares, pero debido a la pobreza y la violencia se vieron forzadas a viajar como un escape de la muerte hacia lo que consideraron su última esperanza de vida. Algunos han buscado asilo en México, mientras que otras continúan su viaje hacia EE. UU., con el fin de solicitar asilo en este país.
A estos hermanos y hermanas migrantes se les ha criminalizado. No obstante, según hemos buscado ministrarles a través de su jornada peligrosa, lo que mayormente hemos visto en estos seres humanos es una gran valentía y fe profunda, quienes han puesto sus vidas en las manos de Dios mientras buscan suplir sus necesidades básicas para su sobrevivencia: alimento y refugio para sus hijos y, sobre todo, protección de quienes buscan hacerles daño. Su fe en Dios ha fortalecido nuestra fe, y su sufrimiento ha convencido a nuestra almas de nuestro deber de acompañarlos y abogar por su seguridad y sus derechos.
Nos unimos para exigir que los gobiernos de nuestros países traten a estos migrantes de maneras que reconozcan y respeten su humanidad dada por Dios, con compasión y dignidad.
Si bien respetamos las leyes de nuestros países, nos preguntamos si estas leyes –en particular las leyes de asilo de nuestros países– están siendo cabalmente aplicadas en los casos de los migrantes que viajan en estas caravanas. Pedimos la aplicación justa y equitativa de las leyes de asilo de nuestros países y, que todos nosotros seamos voces vigilantes de los derechos de los migrantes.
Además, hacemos un llamado al presidente Donald Trump a cesar de caracterizar a nuestros hermanos y hermanas migrantes de maneras despectivas e inductoras al miedo, y los deje de penalizar como criminales, cuando en realidad tienen el derecho bajo la ley internacional de buscar asilo. Como líder de la nación más poderosa y rica del mundo, lo exhortamos a liderar con verdad, justicia y compasión moral. Sobre todo, hacemos un llamado a nuestras congregaciones para que sean agentes de la misericordia de Dios hacia el migrante. Nos inspiran la labor y la compasión provistas por las congregaciones metodistas y otras comunidades de fe a favor de estos migrantes a lo largo de su viaje: al llevar a algunas de las personas migrantes a sus hogares; al alimentarlas en sus congregaciones, y al bendecirlas en su camino. Tal como lo han declarado los obispos de la Iglesia Metodista de México, como cristianos estamos llamados: «a recibir a quien migra como si recibieran a Jesucristo; a tratarlos como si de nuestras familias se trataran; a ayudarles como si nosotros fuéramos quienes migran, y a amar a los migrantes, porque también somos un pueblo migrante en el camino de la fe» (adaptación de la “Carta sobre la inmigración del 20 de octubre de 2018, Colegio de Obispos de la Iglesia Metodista de México”).
Concilio de Obispos de la Iglesia Metodista Unida Obispo Kenneth H. Carter, presidente
Colegio de Obispos de la Iglesia Metodista de México Obispo José Antonio Garza Castro, presidente
Obispo Elías G. Galván Misión Metodista Unida en Honduras

Inglés

Human migration is as old as human history. Individuals, families, tribes, and nations have been on the move since the days of Abraham and Sarah and before. Throughout the centuries, political and economic factors, including wars; health and environmental challenges; and racism, xenophobia, and religious discrimination have at times uprooted people and at others lured them to new venues across deserts, rivers, continents, oceans, and national and ethnic boundaries.
Today, migration is a critical international and at times a pressing national issue; a matter of last resort and no other choice for millions of human beings, and a desperate alternative to many who would rather stay where they are if conditions could permit safety and essentials for survival. In general terms, migrants today are those who by force or choice leave their regions of origin because of armed conflict, natural disaster, institutional or gang violence, development projects, human trafficking (including labor, sexual or drug trafficking) or extreme economic deprivation.  (Resolution of The United Methodist Church: Global Migration and the Quest for Justice)

These wise words describe what we see happening through the human caravan that began on October 12, 2018 with 160 brave souls who gathered and together began to journey as the migrants of old.  From Honduras to Guatemala and now to Mexico they have supported each other in their common suffering.  This caravan has grown to 7,000 and the latest reports is that these 7,000 have now formed 3 distinct caravans traveling across Mexico.  More than half of them are girls and women.  They did not want to leave their homes, but because of deadly poverty and violence, found themselves being forced to journey from death toward what they perceived to be their last hope for life.  Some have sought asylum in Mexico while others continue to travel to the U.S. to request asylum in this country.
These migrant sisters and brothers have been villainized, yet as we have sought to minister to them along their perilous journey, what we have seen on the whole is human beings of great courage and deep faith who have placed their lives in God’s hands as they seek the basic necessities for life – food and shelter for their children and above all, safety from those who seek to do them harm.  Their faith in God has strengthened our faith, and their human suffering has convicted our souls that we must accompany them and seek to advocate for their safety and their rights.
We stand together in demanding that the governments of our countries treat these migrants in ways that recognize and respect their God-given humanity, and with compassion and dignity.
While we respect the laws of our countries, we question whether the very laws, particularly the asylum laws of our countries, are fully being implemented in the cases of the migrants traveling in these caravans.  We call for the fair and just implementation of the asylum laws of our countries, and for all of us to be vigilant voices for the rights of migrants.
Furthermore, we call upon President Donald Trump to cease characterizing our migrant brothers and sisters in derogatory and fear-inducing ways, castigating them as criminals when in fact they have the right under International Law to seek asylum.  As the leader of the most powerful and wealthiest nation in the world, we call him forth to lead with truth, justice and moral compassion.
Above all, we call upon our congregations to be agents of God’s mercy toward the migrant.  We are inspired by Methodist congregations and other communities of faith and compassion who throughout the journey of these migrants have taken some into their homes, fed them in their congregations, and blessed them on their way.  As the Bishops of the Methodist Church of Mexico have stated:  As Christians we are called to receive those who migrate as if receiving Jesus Christ himself. Treat them as if they were our own families, help them as if we were the ones migrating, and extend love to the migrants for we know ourselves to also be a migrant people on the journey of faith (adapted from the Oct. 20, 2018 Immigration Letter of the College of Bishops of the Methodist Church of Mexico, A.R.).

Council of Bishops of The United Methodist Church
Bishop Kenneth H. Carter, President
College of Bishops of the Methodist Church of Mexico
Bishop José Antonio Garza Castro, President
Bishop Elías G. Galván, Supervising Bishop
United Methodist Mission in Honduras
Rev. Juan de Dios Peña, President
Iglesia Metodista de El Salvador

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Thank you for your support. The congregation recently forwarded over $10,000.00 to NJFON for work with immigrants in detention.

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Supporting families through Justice for our Neighbors (JFON)

If you are in church at Claremont UMC during August, you will become aware of our effort to raise support for the legal work of the National Justifice for our Neighbors program of The United Methodist Church (NJFON) with undocemented and documented immigrants and asylum-seekers who need help untagling migration issues along our Southern Border. (Both the Finance Committee and the Church Council approved this special appeal at the end of July as a concrete way we can respond to the humanitarian crisis created at our border by the current adminisgtration.)
Your are encouraged to give generously. Some have been known to say "Give until it hurts." At church you will have opportuinty to write a check to CUMC with the purpose line "JFON" to support this August emphasis. We will report the results in early September. If you won't be in church in August, you can mail in your contribution to the church office. Or you can contribute direcrtly to JFON online. If you go online you can specifiy that your gift is credited to Claremont UMC (or another UMC of your choice); the church will receive year-end credit for its giviing to JFON. First pick the state where the church is located, then select the church from the drop-down menu. (Type the first letter of the church's name to narrow the search!) You do not need to name a church. You may want to inform the church office that you have given online Email: churchoffice@claremontumc.info

MARCHA
— Metodistas Representando la Causa de los Hispano Americanos —

and the

Council of Bishops of The United Methodist Church

have released a

Joint Statement in Response to the
Central American Migrant Caravans

Ver texto en español a continuación

November 7, 2018
Human migration is as old as human history. Individuals, families, tribes, and nations have been on the move since the days of Abraham and Sarah and before. Throughout the centuries, political and economic factors, including wars; health and environmental challenges; and racism, xenophobia, and religious discrimination have at times uprooted people and at others lured them to new venues across deserts, rivers, continents, oceans, and national and ethnic boundaries.
Today, migration is a critical international and at times a pressing national issue; a matter of last resort and no other choice for millions of human beings, and a desperate alternative to many who would rather stay where they are if conditions could permit safety and essentials for survival. In general terms, migrants today are those who by force or choice leave their regions of origin because of armed conflict, natural disaster, institutional or gang violence, development projects, human trafficking (including labor, sexual or drug trafficking) or extreme economic deprivation.  (Resolution of The United Methodist Church: Global Migration and the Quest for Justice)

These wise words describe what we see happening through the human caravan that began on October 12, 2018 with 160 brave souls who gathered and together began to journey as the migrants of old.  From Honduras to Guatemala and now to Mexico they have supported each other in their common suffering.  This caravan has grown to 7,000 and the latest reports is that these 7,000 have now formed 3 distinct caravans traveling across Mexico.  More than half of them are girls and women.  They did not want to leave their homes, but because of deadly poverty and violence, found themselves being forced to journey from death toward what they perceived to be their last hope for life.  Some have sought asylum in Mexico while others continue to travel to the U.S. to request asylum in this country.
These migrant sisters and brothers have been villainized, yet as we have sought to minister to them along their perilous journey, what we have seen on the whole is human beings of great courage and deep faith who have placed their lives in God’s hands as they seek the basic necessities for life – food and shelter for their children and above all, safety from those who seek to do them harm.  Their faith in God has strengthened our faith, and their human suffering has convicted our souls that we must accompany them and seek to advocate for their safety and their rights.
We stand together in demanding that the governments of our countries treat these migrants in ways that recognize and respect their God-given humanity, and with compassion and dignity.
While we respect the laws of our countries, we question whether the very laws, particularly the asylum laws of our countries, are fully being implemented in the cases of the migrants traveling in these caravans.  We call for the fair and just implementation of the asylum laws of our countries, and for all of us to be vigilant voices for the rights of migrants.
Furthermore, we call upon President Donald Trump to cease characterizing our migrant brothers and sisters in derogatory and fear-inducing ways, castigating them as criminals when in fact they have the right under International Law to seek asylum.  As the leader of the most powerful and wealthiest nation in the world, we call him forth to lead with truth, justice and moral compassion.
Above all, we call upon our congregations to be agents of God’s mercy toward the migrant.  We are inspired by Methodist congregations and other communities of faith and compassion who throughout the journey of these migrants have taken some into their homes, fed them in their congregations, and blessed them on their way.  As the Bishops of the Methodist Church of Mexico have stated:  As Christians we are called to receive those who migrate as if receiving Jesus Christ himself. Treat them as if they were our own families, help them as if we were the ones migrating, and extend love to the migrants for we know ourselves to also be a migrant people on the journey of faith (adapted from the Oct. 20, 2018 Immigration Letter of the College of Bishops of the Methodist Church of Mexico, A.R.).

Council of Bishops of The United Methodist Church
Bishop Kenneth H. Carter, President
College of Bishops of the Methodist Church of Mexico
Bishop José Antonio Garza Castro, President
Bishop Elías G. Galván, Supervising Bishop
United Methodist Mission in Honduras
Rev. Juan de Dios Peña, President
Iglesia Metodista de El Salvador

ESPAÑOL

La migración humana es tan antigua como la historia humana. Individuos, familias, tribus y naciones se han ido trasladando desde ante de los tiempos de Abraham y Sara. A lo largo de los siglos, factores políticos y económicos, las guerras inclusive; retos concernientes a la salud y al medioambiente; el racismo, la xenofobia y la discriminación religiosa a veces han desarraigado a las personas de sus lugares de procedencia, y a otras las han seducido hacia nuevos lugares a través de desiertos, ríos, continentes, océanos y fronteras nacionales y étnicas.
 Hoy en día, la migración es un asunto internacional crítico y, a veces, un asunto nacional apremiante; un asunto de último recurso y de ninguna otra opción para millones de seres humanos y, una alternativa desesperada para quienes prefieren quedarse donde están si existieran las condiciones que permitieran su seguridad y lo esencial para su supervivencia. En términos generales, las personas migrantes de hoy son quienes ­–forzadas o por su propia elección– abandonan sus lugares de origen debido a conflictos armados, desastres naturales, violencia institucional o causada por las pandillas, proyectos de desarrollo, trata de personas (incluida la trata laboral, sexual o de drogas), o privaciones económicas extremas. (Resolución de la Iglesia Metodista Unida: La migración global y la búsqueda de justicia).

Dichas palabras sabias describen lo que vemos pasar a través de la caravana humana, la cual empezó el 12 de octubre de 2018, con 160 almas valientes quienes se reunieron y juntas comenzaron a viajar, así como lo hicieron los antiguos migrantes. De Honduras a Guatemala, y ahora hacia México, estas personas migrantes se han sostenido mutuamente en su común sufrimiento. Esta caravana ha crecido a 7,000 personas, y de acuerdo con los últimos informes, de esta cantidad se ha formado 3 caravanas que viajan a través de México. Más de la mitad de esa multitud la componen niñas y mujeres. Estas personas no quisieron abandonar sus hogares, pero debido a la pobreza y la violencia se vieron forzadas a viajar como un escape de la muerte hacia lo que consideraron su última esperanza de vida. Algunos han buscado asilo en México, mientras que otras continúan su viaje hacia EE. UU., con el fin de solicitar asilo en este país.
A estos hermanos y hermanas migrantes se les ha criminalizado. No obstante, según hemos buscado ministrarles a través de su jornada peligrosa, lo que mayormente hemos visto en estos seres humanos es una gran valentía y fe profunda, quienes han puesto sus vidas en las manos de Dios mientras buscan suplir sus necesidades básicas para su sobrevivencia: alimento y refugio para sus hijos y, sobre todo, protección de quienes buscan hacerles daño. Su fe en Dios ha fortalecido nuestra fe, y su sufrimiento ha convencido a nuestra almas de nuestro deber de acompañarlos y abogar por su seguridad y sus derechos.
Nos unimos para exigir que los gobiernos de nuestros países traten a estos migrantes de maneras que reconozcan y respeten su humanidad dada por Dios, con compasión y dignidad.
Si bien respetamos las leyes de nuestros países, nos preguntamos si estas leyes –en particular las leyes de asilo de nuestros países– están siendo cabalmente aplicadas en los casos de los migrantes que viajan en estas caravanas. Pedimos la aplicación justa y equitativa de las leyes de asilo de nuestros países y, que todos nosotros seamos voces vigilantes de los derechos de los migrantes.
Además, hacemos un llamado al presidente Donald Trump a cesar de caracterizar a nuestros hermanos y hermanas migrantes de maneras despectivas e inductoras al miedo, y los deje de penalizar como criminales, cuando en realidad tienen el derecho bajo la ley internacional de buscar asilo. Como líder de la nación más poderosa y rica del mundo, lo exhortamos a liderar con verdad, justicia y compasión moral. Sobre todo, hacemos un llamado a nuestras congregaciones para que sean agentes de la misericordia de Dios hacia el migrante. Nos inspiran la labor y la compasión provistas por las congregaciones metodistas y otras comunidades de fe a favor de estos migrantes a lo largo de su viaje: al llevar a algunas de las personas migrantes a sus hogares; al alimentarlas en sus congregaciones, y al bendecirlas en su camino. Tal como lo han declarado los obispos de la Iglesia Metodista de México, como cristianos estamos llamados: «a recibir a quien migra como si recibieran a Jesucristo; a tratarlos como si de nuestras familias se trataran; a ayudarles como si nosotros fuéramos quienes migran, y a amar a los migrantes, porque también somos un pueblo migrante en el camino de la fe» (adaptación de la “Carta sobre la inmigración del 20 de octubre de 2018, Colegio de Obispos de la Iglesia Metodista de México”).
Concilio de Obispos de la Iglesia Metodista Unida Obispo Kenneth H. Carter, presidente
Colegio de Obispos de la Iglesia Metodista de México Obispo José Antonio Garza Castro, presidente
Obispo Elías G. Galván Misión Metodista Unida en Honduras

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Faith Affirmation

Presbyterian Church USA, General Assembly, 2018

As confessing Christians,
we trust God, whom we know through Jesus Christ, in whose name we pray as others pray in other names.

We are obligated to declare our concerns about the direction towards autocracy that our country is taking.

We say Yes to God's power of love and justice for the neighbor as well as the self, and we say No to demonic power that urges hate of the other, scatters blame, and creates civic discord.

We say Yes to our imperfect democracy with one person, one vote, and No to any corruption of our elections.

We say Yes to universal health care and No to care based on the ability to pay.

We say Yes to safe schools, houses of worship, and public gathering places; and No to civilian a ccess to assault and/or military-style weapons.

We say Yes to core human values and No to dividing our humanity by ideology and partisanship.

We say Yes to bridges and preservation of families and No to walls.

We say Yes to affirming and celebrating the full spectra of human identity and No to discrimination and bigotry.

We say: "In life, and in death we belong to God."

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STATEMENT

A shocking violation of the spirit of the Gospel

In recent weeks, we have watched with horror at the implementation of policies from the Department of Justice regarding the treatment of people migrating to the United States.

Rev. Dr. Susan Henry-Crowe June 15, 2018

In early May, Attorney General Jeff Sessions announced a “zero tolerance” policy resulting in de facto family separation: children are immediately removed from their parents as they are apprehended after crossing the U.S.-Mexico border. And three days ago, the Attorney General also announced a policy reversing protections for asylum seekers fleeing domestic abuse and gang violence. Neither threat of violence is now considered grounds for asylum.

Furthermore — and in response to the ardent opposition from a wide array of faith communities — the officials responsible for these policies have recently used Christian scripture to justify their actions.

To argue that these policies are consistent with Christian teaching is unsound, a flawed interpretation, and a shocking violation of the spirit of the Gospel.

Administration officials have used the Christian text of Paul’s Letter to the Romans — his first and weightiest epistle — to justify their actions. The ethical teachings of Romans 12-16 describe that consecrated Christian life requires the duties of love and hospitality. The commandment in Chapter 13 to “be subject to the governing authorities” is bracketed by preceding and following passages containing the command to “love.”

Earlier verses detail what love looks like:

Let love be genuine, hate what is evil, hold fast to what is good; love one another with mutual affection; outdo one another in showing honor. Do not lag in zeal, be ardent in spirit, serve the Lord…extend hospitality to strangers. (Romans 12: 9-11, 13 NRSV, emphasis added)

Subsequent verses further clarify the centrality of love and its comprehensive nature, stating that

all the commandment[s] are summed up in this word, “Love your neighbor as yourself.” Love does no wrong to a neighbor; therefore, love is the fulfilling of the law. (Romans 13: 9-10 NRSV, emphasis added)
We are reminded by Paul that love is the way.

Jesus is our way, our truth, our life. The Christ we follow would have no part in ripping children from their mothers’ arms or shunning those fleeing violence. It is unimaginable that faith leaders even have to say that these policies are antithetical to the teachings of Christ.

Christian sacred texts should never be used to justify policies that oppress or harm children and families.

Those using the Bible to justify these horrific policies, should also read the prophet Isaiah:

Woe to those who make unjust laws, to those who issue oppressive decrees, to deprive the poor of their rights and withhold justice from the oppressed of my people, making widows their prey and robbing the fatherless. (Isaiah 10: 1-3 NIV)

The Trump Administration implemented these policies. They have the power to stop these horrific actions. Join me in calling on the Department of Justice, and especially on our fellow United Methodist, Attorney General Jeff Sessions, to immediately reverse these decisions.

When you reach out, be sure to share with them the Social Principles of our United Methodist Church, which uphold the rights of immigrants, oppose family separation, and demand protections for women, children and men from violence.

U.S. Department of Justice
Phone: 202-353-1555
Twitter: @TheJusticeDept
Facebook: facebook.com/DOJ

NEWS:

Western Jurisdiction Immigration Task Force

issues

4TH-OF-JULY CALL TO PRAYER

The following is an abbreviated version of the statement. The full version and resources are accessible via the button below. The Spanish translation follows below.

The Western Jurisdiction Immigration Task Force’s mission is to help equip our Annual Conferences to be in ministry with their immigrant and migrant neighbors. At the southern border of our jurisdiction, families are being detained and broken apart in pursuit of an immigration policy that United Methodist denominational leaders have named to be cruel and unjust.

The Western Jurisdiction Immigration Task Force uncompromisingly rejects the forced separation of children from their families. United Methodists are called to mourn, and to act, when we encounter a child being taken away from their family.

Accompanying this release, you will find A Call to Prayer on the 4th of July, an invitation for all United Methodists of the jurisdiction to join our hearts, minds, and voices in prayer for our immigrant and migrant neighbors. You will also find A Prayer of Confession for use by United Methodists of the Western Jurisdiction in our various worship services over the coming week. Finally, you will find links to resources in each of our Annual Conferences that can guide you to make a difference in your community.

Declaración Pastoral en Apoyo a las Familias Detenidas y Separadas

by Western Jurisdiction UMC | Jun 29, 2018 | Announcements, News |

La misión del Comité de Trabajo de Inmigración es ayudar a equipar a nuestras Conferencias Anuales que estén en ministerio con los inmigrantes y vecinos migrantes. En la frontera sur de nuestra jurisdicción, las familias están siendo detenidas y separadas por una política de inmigración que líderes de la Iglesia Metodista Unida han llamado cruel e injusta.

La Secretaria General de la Junta General de Iglesia y Sociedad, la Rev. Dra. Susan Henry-Crowe, dijo: “nuestros principios Metodistas sociales y la resolución #3281 son claras: apoyamos políticas que compasivamente aceptan y reciben a inmigrantes y respetan sus derechos humanos. Políticas que envían a familias a la cárcel, ya sea separadamente ó juntos, fallan en reflejar nuestros valores mutuos de compasión, dignidad, justicia y amor.”

La Obispa Minerva Carcaño de nuestra conferencia anual de California-Nevada y representante Episcopal del Comité de Trabajo de Inmigración, lamenta que “nuestras políticas fracturadas de inmigración y más aún, nuestra respuesta inmoral a los niños inmigrantes que corren peligro, es un reflejo vergonzoso de una nación que ha perdido una parte de su alma”.

El Comité de Trabajo de Inmigración rechaza inflexiblemente la separación forzada de los niños de sus familias. Los Metodistas Unidos están llamados a afligirsen y actuar, cuando ven niños siendo separados de sus familias. Rechazamos cualquier intento ó idea de etiquetar a un humano como «ilegal». Cada persona es de valor infinito y sagrado y hecho a la imagen de que Dios, y quién nos ha enseñado a tratar a todos con amabilidad y amor. No estamos de acuerdo con el gobierno y su política de “cero tolerancia” hacia los inmigrantes y migrantes. Esto ha resultado en la internación de las familias que en muchos casos han llegado a nuestras fronteras en busca de seguridad contra la violencia y la depravación. La criminalización del proceso de asilo es intolerable, y afirmamos y apoyamos los derechos de las personas que temen la violencia doméstica y violencia de las pandillas en busca de asilo en los Estados Unidos.

Acompañando este comunicado, encontrara un Llamado a la Oración para el 4 de Julio, esta es una invitación para todos los Metodistas Unidos de la jurisdicción que se unan a nuestros corazones, mentes y voces en oración por nuestros inmigrantes y migrantes vecinos. También encontrará una Oración de Confesión para el uso de los Metodistas Unidos de la Jurisdicción del Oeste en nuestros diversos cultos durante la semana que viene. Finalmente, usted encontrará enlaces de recursos para cada una de nuestras Conferencias Anuales que pueden guiarle para hacer una diferencia en su comunidad. El reto de trabajar por la paz y justicia puede parecer insuperable, pero tenga en mente que no trabaja solo. Juntos, los Metodistas Unidos han hecho y continúan haciendo una diferencia en las vidas de nuestros vecinos inmigrantes y migrantes.

Suyos en Cristo, Los miembros de la Jurisdiccion Oeste del Comité de trabajo de Inmigración

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